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Por:  Alexi Martínez

Roberd Kriegel, coautor  de los famosos libros titulados “Si no está roto rómpalo”,  y “De las vacas sagradas se hacen las mejores hamburguesas”, plantea en forma indirecta en sus escritos  que las organizaciones para  ser competitivas y responder a los desafíos de un mundo cada vez más globalizados, deben estar siempre abiertas a los procesos de cambios.

A propósito de cambios  y de competitividad,  actualmente el sector empresarial dominicano ha estado muy activo, propiciando la necesidad de reformar el Código Laboral. El gobierno  haciéndose  eco de esas inquietudes creó  una comisión especial, mediante el decreto 286-13, para que  presente una propuesta de modificación a la pieza, que data desde 1992, y podamos así tener una legislación laboral que responda a necesidades  de estos tiempos.

Esta  comisión dio el visto bueno a unos  70 puntos, entre los cuales hubo  cierto consenso   en aspectos básicamente procedimentales de lo que sería el nuevo Código de Trabajo,  pero no en aquellos que mayor énfasis ha hecho el sector empresarial, tales como los temas de la modificación del régimen de cesantía, aumento en las jornadas de trabajo para ciertos tipos de negocios, jornadas normales de trabajo  los días festivos y fines de semana, entre otros aspectos que desde la óptica del sector empresarial constituyen una alta carga laboral, sobre todo para las micro , pequeñas  y medianas empresas (Mipymes)

Los empresarios alegan que el actual código  les resta competitividad, que  perjudica el clima laboral y de inversión  y hace que  la alta carga laboral represente en muchos casos cerca del 65 % de los costos de producción, de acuerdo a pronunciamientos hechos por algunos empresarios. Argumentan que la reforma propuesta favorecerían significativamente a los jóvenes cuyo índice de desempleo anda por un 30%  (cerca de 40% en mujeres jóvenes y de 20% r en varones jóvenes).

Por su parte, los representantes del sector trabajador muestran desacuerdo con los puntos más neurálgicos propuestos por los empresarios, por entender que esos planteamientos generarían una reducción muy significativa en los ingresos y la calidad de vida de los trabajadores.

También alegan perderían derechos adquiridos  y se incrementaría el subempleo, el cual sobrepasa el 15 %.  Y no creen que con esa modificación se generen  más empleos y se incrementaría el trabajo formal, pues no disponen de experiencias de otros países, ni  de datos o cifras confiables que le sirvan de referente y puedan demostrar que modificando el actual régimen de cesantía y flexibilizando los horarios se incremente el empleo formal y se reduzca el desempleo el cual ronda el 14 %, según cifras del Banco Central.

Desde el punto de vista académico vemos normal que donde existen intereses, y  lucha de clases, el camino a una propuesta consensuada sea  pedregoso. Lo que hemos trabajado en el campo laboral y desde las aulas los temas de los conflictos  y negociación sabemos  que muchas veces algunas de las partes ponen en la mesa una serie de propuestas que a todas luces se sabe son improcedentes, a fin de no perder mucho terreno cuando llegue el momento del consenso,   y otras presentan propuestas inviables,  a fin de hacer abortar los procesos de negociaciones  cuando les interesa que las cosas se queden igual.

En ese sentido, mientras más escuchamos a las partes, más recuerdo  al famoso poeta  español  de principio del siglo XXI, Ramón  De Campo Amor,  cuando decía: “en este mundo traidor nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”. 

Los procesos de cambios nunca se detienen en la sociedad, y como dicen, lo que un día fue, hoy no será, por consiguiente vemos bien  que  la clase trabajadora no se haya cerrado del todo a las reformas al nuevo Código de Trabajo que plantean los empresarios, pues existen aspectos de la misma que pudiesen mejorar el clima laboral y de inversión,  sobretodo la parte que tiene que ver con los procedimientos legales para dirimir los conflictos entre empresas y trabajadores, ya que en la actual legislación se pone en  situaciones difíciles  a las empresas.

Urge fortalecer el tema de la conciliación laboral y los procesos judiciales laborales,  a fin de  propiciar procedimientos que garanticen mayor transparencia y reduzcan las posibilidades de que por artificios legales muchas Mypymes continúen desapareciendo.  

En cuanto a los beneficios marginales que reciben los trabajadores, se debe buscar un mecanismo que no afecte a la clase trabajadora, sobre todo en lo concerniente al aspecto de la mujer embarazada, donde se establecería el despido de ésta previo acuerdo con ella, ya que esto, además de que contraviene tendencias modernas de la gestión humana, propiciaría un incremento mayor al existente de la tasa de desocupación de la mujer dominicana, la cual está dentro de la más altas de América Latina.

El autor es  especialista en Gestión Humana y Vicedecano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UASD.

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